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Proyecto Bicentenario-Banco Mundial
Cien millones de dólares para avanzar a pasos acelerados
[01/04/2004] La cifra parece enorme, pero el objetivo también lo es: buscar alianzas exitosas entre la academia y el sector privado, patentando los descubrimientos, inscribiendo legalmente la propiedad intelectual de los avances y sacando provecho económico de ellos. Hemos sido muy ingenuos, afirma el Director Ejecutivo del proyecto. Hemos publicado nuestras ideas, y ha subido nuestro ego, pero otros se han llevado los beneficios. Es hora de cambiar el paradigma.

Roberto Hojman es Director de Fondap (el Programa de Centros de Excelencia, de Conicyt), pero también es el Director Ejecutivo del "Programa Bicentenario de Ciencia y Tecnología, Convenio Conicyt- Banco Mundial".

- ¿Qué significa ese nombre tan largo y pomposo?

-Este Programa se comenzó a concebir hace unos dos años y medio, cuando el Presidente Lagos y Eric Goles, Presidente de Conicyt, se reunieron para analizar cómo la ciencia y la tecnología podían ayudar mejor al desarrollo del país. La respuesta fue que era necesario dar un paso vigoroso para producir vínculos entre la academia y el sector productivo. El Gobierno tomó la decisión de hacerlo en una especie de joint-venture con el Banco Mundial. Cada uno aportaría la mitad de los fondos. Y esta opción se tomó no sólo por el préstamo involucrado, sino también por la experiencia acumulada por el Banco Mundial en distintos países. Conicyt quedó encargado de ejecutar el programa, con Eric Goles como Presidente del proyecto, y yo en calidad de Director Ejecutivo. El 5 de agosto del 2003 se firmó el acuerdo y el 3 de noviembre de 2003 tuvimos los fondos disponibles.

-¿Cuánto durará el programa?

-Seis años, en dos etapas de tres años cada una. La primera, 2004, 2005 y 2006, con 25 millones de dólares puestos por el Gobierno y 25 millones prestados por el Banco mundial. Suman 50 millones. La segunda etapa, 2007, 2008 2009, tendrá otros 50 millones, de la misma manera. En total, disponemos de 100 millones de dólares para seis años.

-¿Y qué van a hacer, concretamente, con ese dinero?

-Empezamos con el taller de Villarrica, entre el 26 y el 30 de enero de 2004, donde se analizó el tema "El negocio de base tecnológica". Concurrieron profesionales de ciencia y tecnología, empresarios, estudiantes, especialistas mundiales en negocios tecnológicos y en propiedad intelectual. Se analizó cuáles son los procedimientos existentes para patentar descubrimientos, cuáles son aplicables en Chile, cuáles no. Tuvimos una quincena de expertos internacionales, de los mejores centros de Estados Unidos y Europa, como el Stanford Research Institute; el Babson College, la escuela de negocios más importante del mundo; el Weizmann Institute, de Israel, instituto de investigación que convierte las ideas en negocios millonarios, por ejemplo llevando al mercado drogas para combatir el cáncer, y muchos otros. También estuvo el creador intelectual de los consorcios tecnológicos de Australia. Se produjeron interacciones muy interesantes y se despertaron vocaciones e intereses. Se trató de mostrar un nuevo paradigma en los negocios de base tecnológica. Este no es el mundo de Giro Sintornillos. Es algo muy aterrizado.

-¿Reaccionaron bien frente a esto los científicos chilenos?

-Sí. Se dieron cuenta de lo que tenían entre manos, o entre sienes, en este caso. Y también tomaron conciencia de lo ingenuos que hemos sido en algunas ocasiones. No hemos patentado las buenas ideas; las hemos publicitado, publicándolas en las mejores revistas. Ha subido el ego de los científicos, pero se ha perdido la oportunidad de hacer negocios millonarios, patentando esas ideas. En los países desarrollados, en cambio, está muy claro que el patentamiento puede significar cientos de miles, o quizás millones de dólares. Claro que es un mundo duro, donde hay aplicar permanentemente la inteligencia a lo recién inventado y lo que está en uso. Y hay que ser robusto para resistir las presiones de las grandes empresas y conocer el ámbito legal y jurídico para defenderse en el momento oportuno, porque hay que luchar con tecnología contra la apropiación indebida de ideas por parte de muchas compañías.

-¿Cómo se puede luchar con tecnología contra un robo intelectual?

-Pongamos un ejemplo básico. Si alguien comercializa duraznos de excelente calidad con una determinada etiqueta, y alguien copia la etiqueta, pero pone dentro del tarro duraznos de mala calidad, ¿qué se puede hacer? Habrá que inventar, por ejemplo, envases transparentes, para que se vea el contenido... y patentarlos de inmediato.

-¿Y cómo andamos en materia de patentes?

-En la producción de cerebros andamos bien, pero en patentes, no. De hecho, la Universidad de Chile, desde Andrés Bello hasta hoy, tiene menos de una decena de patentes.

-Pero alegan que la universidad debe ser un faro del saber, y que no debe estar al servicio de las empresas o del lucro.

-Es cierto que la vocación de las universidades no es hacer patentes, pero sí tienen la obligación de hacer ciencia aplicada, como asimismo todo el derecho de tener orquestas, cuerpo de ballet y otras expresiones artísticas. Pero una buena idea debe ser patentada. Y nos falta tomar conciencia de ello. Se necesita ciencia básica, obviamente. Se puede poner un satélite en órbita porque se entienden bien las leyes de Newton, de Kepler y las observaciones de Tycho Brahe, que a su vez se basaron en anotaciones realizadas por astrónomos chinos hace tres mil años. Sin embargo, de la ciencia básica salen productos tangibles. De la exploración espacial surgieron cosas útiles, como el velcro, y de la necesidad de tener aparatos pequeños, que cupieran en las naves, surgieron gran parte del equipamiento miniaturizado que utilizamos cotidianamente. El progreso es "hipertextual", no lineal.

-Volviendo al Programa Bicentenario, ¿qué van a hacer con la plata?

-Primero, transmitir a la comunidad científica y las autoridades la conciencia de que es importante tener patentes y propiedad intelectual sobre lo descubierto. Haremos talleres, seminarios, capacitación en gestión tecnológica, levantamiento de información pertinente, seguimiento y evaluación. Eso ocupará un 13% de los fondos. El 40% está destinado a ciencia básica, y el 47% a crear instrumentos para fortalecer los vínculos entre el sector público y el privado, para que los jóvenes hagan doctorados en áreas vinculadas a la biotecnología, en ingenierías que se inserten en el sector productivo, en empresas, y ayuden a crear riquezas a través de nuevos procesos, materializando ideas innovadoras. También formaremos consorcios entre las empresas y las universidades públicas o privadas. El Estado pone la mitad y la empresa la otra mitad de lo que se necesite.

-Alguien mencionó los "Anillos Tecnológicos"... ¿en qué consisten?

-Los anillos Tecnológicos de Investigación son grupos de tres o cuatro investigadores seniors, que se asocian sinérgicamente para abordar problemas de mayor envergadura. Es gente experta en distintos ámbitos que abordarán un tema como equipo, cada uno desde su especialidad. Y a través de la cooperación internacional, el programa se va armando de manera hipertextual, con "links" para todos lados. Su creación corresponde a un proceso natural. Primero, necesitábamos ciencia básica, y apareció Fondecyt. Luego, necesitábamos vincularnos con las empresas, y surgió Fondef. Posteriormente, queríamos centros de excelencia, y para eso está Fondap. Ahora vamos más allá. Conversamos con la comunidad científica y con los empresarios. Detectamos qué se necesita y nos ponemos al servicio de la causa. A fines de marzo abrimos el Concurso de Consorcios Regionales de Investigación Cooperativa, para que las regiones propongan ideas, apoyen con sus propios fondos, obtengan soporte del sector privado, y luego entramos nosotros con el Programa del Banco Mundial, complementando. Eso sí, siempre deberán tener científicos de las universidades o de institutos de investigación.

-Pero ya existen cinco programas de Centros Regionales de Conicyt.

-Estos son distintos. De hecho, sólo pueden optar a estos fondos las regiones donde no está operando Conicyt, vale decir, las Regiones Segunda, Tercera, Quinta, Novena, Décima y Undécima.

-¿Qué esperan lograr con el Programa Bicentenario, en concreto?

-El Programa debería producir cambios por lo menos cualitativos en la forma en que se hace ciencia y tecnología en el país. Y a futuro, cambios cuantitativos. Sabemos formar investigadores y doctores; sabemos otorgar becas de post grado y crear centros de excelencia. Veamos ahora qué nos falta. ¿Formar consorcios con la empresa privada? Lo haremos. En Chile ya existe uno, Biosigma, orientado al ámbito de la biotecnología aplicada a la minería. Participan investigadores universitarios, Codelco y Nippon Mining, con aportes de Conicyt, para avanzar en la biolixiviación del cobre, con bacterias, lo que produce ahorros en los costos de producción y permite obtener cobre de minerales de baja ley. Pero Biosigma es "el" consorcio que tenemos. Australia, maneja 67 consorcios exitosos. Ese es nuestro horizonte.

Por Albina Sabater Villalba

Santiago, 22 de Abril 2004

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